Se Burló de Su Exesposa en Plena Gala Sin Saber Que Ella Ya Era La Mujer del Hombre Más Temido de México

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—Eso es evidente —respondió Alejandro—. Tampoco sabía que las hipotecas de las propiedades Valdés fueron compradas ayer por mi despacho. Todas.

Un murmullo recorrió el salón.

Renata miró a Patricio con horror.

—¿Hipotecas? ¿De qué habla?

Patricio no respondió.

Alejandro continuó:

—También sé que su reciente matrimonio depende de la paciencia financiera de su suegro. Una paciencia que podría terminarse cuando ciertos documentos sobre sus deudas lleguen a Sonora.

Renata soltó el brazo de Patricio como si quemara.

—¿Qué documentos?

Patricio sudaba.

Mariana observó la escena con el pecho apretado. No sentía alegría. Sentía algo más profundo: la verdad regresando al lugar que le habían robado.

Alejandro miró a los invitados.

—Mariana no fue abandonada por falta de valor. Fue traicionada por hombres pequeños que confundieron dinero con honor. Su padre murió con deudas, sí, pero esas deudas fueron liquidadas hace meses.

Doña Amalia se tapó la boca.

Patricio abrió los ojos.

—Eso es mentira.

—No —dijo Alejandro—. Lo que fue mentira es la historia que ustedes repitieron para sentirse superiores.

Luego sacó un sobre de su saco.

—Y ya que esta noche todos parecen interesados en el pasado de mi esposa, tal vez sea buen momento para aclarar otro detalle.

Un abogado de lentes, que había entrado detrás de él sin hacer ruido, se acercó y abrió una carpeta.

Alejandro habló sin mirar a Patricio.

—Las pérdidas de don Esteban Aranda no fueron causadas solo por la tormenta. Alguien falsificó pólizas, desvió pagos y dejó los barcos sin seguro completo.

Mariana sintió que el aire le faltaba.

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