Me condujo hacia la recámara principal mientras hablaba de remodelaciones. Sobre mi buró había una foto enmarcada: Eduardo y Mariana sonriendo en una playa de Tulum, bañados por el sol. En la esquina, la fecha: julio del año pasado.
El mismo julio en que Eduardo me dijo que estaría en un retiro corporativo en Querétaro.
La puerta del baño se abrió. El vapor se deslizó por el pasillo, mezclado con el olor del jabón de cedro. Eduardo salió con una toalla en la cintura, secándose el cabello.
—Amor, ¿ya está el café…?
Se quedó helado.
El color abandonó su rostro en un segundo, y pude ver cómo su mente empezaba a girar, desesperada, buscando una mentira que lo salvara.
—Lucía… llegaste temprano. ¿El vuelo?
Mariana frunció el ceño.
—¿Cariño? ¿Conoces a la corredora? ¿Por qué la llamas Lucía?
Cerré lentamente la carpeta de cuero que llevaba en la mano. No grité. No lloré. Solo sonreí… una sonrisa lo suficientemente fría como para hacerlo retroceder.
—Nos conocemos muy bien, Mariana —dije—. Eduardo y yo llevamos tres años haciendo una auditoría de carácter juntos. Yo soy la “socia” que te dijo que se mudaba.
Eduardo dio un paso hacia mí.
—Lucía, por favor. No es lo que parece. Yo iba a decírtelo.
—¿Decirme qué? —pregunté—. ¿Que usaste fondos de la empresa para pagar su anillo? ¿O que falsificaste mi firma en los papeles de venta de esta casa?
Mariana soltó un jadeo.
—¿Qué? Eduardo, dijiste que la casa era tuya… que el dinero venía de un fideicomiso familiar.
En ese momento, Mariana aún no sabía que nada de eso era cierto.
Ni la casa.
Ni el dinero.
Ni el propio Eduardo.
La verdad estaba a punto de salir…
y ninguno de ellos estaba preparado para lo que Lucía diría a continuación.
—Eduardo no tiene fideicomiso familiar —respondí, mirándola con una calma que pesaba—. Tiene un sueldo… un sueldo que yo autorizo cada mes.
Sus ojos se abrieron de par en par.
—Lucía, no hagas esto. Piensa en la fusión Salgado-Hernández.
—La fusión murió, Eduardo.
Saqué de mi bolso una tableta con un sello rojo y toqué la pantalla. Al instante, el celular de Eduardo —sobre el cargador— comenzó a vibrar sin parar.
ESTATUS CORPORATIVO: REVOCADO.
ACTIVOS CONGELADOS.
AUDITORÍA FORENSE EN PROCESO.
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