—¿Hija?
Camila asintió, llevándose la mano al vientre enorme.
—Nunca se enteró.
Y entonces ambas entendieron el tamaño de esa tragedia.
Parte 6
En el hospital, mientras un médico revisaba a Camila y una enfermera tomaba signos vitales, Julián esperó afuera como si lo estuvieran juzgando.
No se había cambiado de ropa. Su traje caro seguía mojado en los hombros. Tenía las manos sucias por haberla levantado del piso. Y por primera vez en años, nada de eso le importaba.
Cuando el doctor salió, se quitó los lentes y dijo:
—Es agotamiento severo, presión elevada y contracciones adelantadas. Vamos a mantenerla en observación.
Julián asintió.
—Quiero lo mejor para ella.
El médico lo miró de arriba abajo.
—¿Es su esposo?
Julián tardó apenas un segundo en responder.
—Debería haberlo seguido siendo.
No lo dejaron verla hasta casi el amanecer.
Cuando por fin entró en la habitación, Camila estaba despierta, recostada, pálida, con el cabello desordenado sobre la almohada. La luz gris de la mañana comenzaba a entrar por la ventana.
Ella lo vio y apartó la mirada.
—No tenías que quedarte.
Julián se acercó despacio.
—No me voy a ir.
—Siempre te ibas.
La frase cayó entre ambos con una precisión cruel.
Julián cerró los ojos un instante.
—Sí —admitió—. Pero nunca de esta manera. Nunca por esto. Nunca de ti.
Camila tragó saliva. Miró hacia el techo.
—No sé qué es peor. Haber creído que me engañaste… o verte ahora y darme cuenta de que quizá yo también fui una víctima.
—Los dos lo fuimos.
Ella lo observó entonces, como si intentara encontrar al hombre que recordaba detrás del cansancio y la culpa.
—¿De verdad no sabías nada?
—Te lo juro.
—¿Ni de las fotos?
—Ni de los papeles.
Camila apretó los labios. Tenía lágrimas acumuladas, pero se resistía a soltarlas.
—Yo te llamé.
Julián dio un paso más.
—Mi teléfono estuvo desconectado durante una reunión de crisis. Cuando regresé… ya te habías ido.
El silencio se llenó con el sonido lejano de un monitor cardíaco.
Y entonces Camila hizo la pregunta que llevaba un año enterrada.
—¿Me buscaste?
Él soltó una risa rota, sin alegría.
—Casi destruyo medio país buscándote.
Ella lo miró por primera vez con algo distinto al reproche. No perdón todavía. Pero sí una grieta en la coraza.
—No te encontré —continuó él, con la voz baja—. Y cuando entendí lo que nos habían hecho… ya era demasiado tarde.
Camila cerró los ojos.
Una lágrima se deslizó por su sien hasta la almohada.
—Yo también te busqué al principio —admitió—. Pero tenía miedo de descubrir que sí era cierto.
Julián se quedó inmóvil.
Aquella confesión, tan pequeña, tan devastadora, le dolió más que cualquier acusación.
—Camila…
Ella se llevó una mano al vientre.
Fue un gesto instintivo.
Pero Julián lo vio.
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