Y algo en su interior se tensó.
La observó con una intensidad casi aterradora.
Luego bajó la mirada a su estómago. Después volvió a sus ojos.
Hubo un segundo en el que ninguno respiró.
—Camila —dijo él, muy despacio—. ¿De cuánto estás?
Ella entendió al instante lo que acababa de pasar.
Su rostro se contrajo. No de vergüenza. De miedo.
—No.
Julián se acercó otro paso.
—Camila.
—No hagas esto.
—¿Es…?
La voz se le quebró antes de terminar.
Camila apretó los párpados. Cuando habló, lo hizo casi sin aire.
—Sí.
Julián sintió que el mundo se detenía.
—¿Es mía?
Las lágrimas de Camila por fin cayeron libres.
—¿De quién más iba a ser?
Julián dio un sonido extraño, mitad exhalación, mitad herida abierta. Se cubrió la boca con la mano, como si necesitara sostenerse la cara para no desmoronarse.
—Dios mío…
Retrocedió un paso. Luego volvió a acercarse.
Sus ojos brillaban como Camila nunca se los había visto. Ni siquiera el día de la boda.
—Tenemos una hija —susurró.
Ella se echó a llorar.
—Yo iba a decírtelo —dijo entre sollozos—. Te lo iba a decir ese día. Tenía una cajita con unos calcetines… y una nota… y después llegó todo aquello y pensé… pensé que me habías borrado de tu vida antes de enterarte.
Julián se sentó a su lado con el cuidado de quien se acerca a algo sagrado y roto al mismo tiempo.
No la tocó de inmediato.
—Camila —dijo—, mírame.
Ella levantó el rostro, empapado.
—A mí me robaron un año contigo.
A ti te robaron un año de protección.
Y a nuestra hija, un año de padre.
La voz se le endureció por un segundo, no contra ella, sino contra todo lo que les habían arrancado.
Luego volvió a suavizarse.
—Pero te juro algo: no voy a perder ni un día más.
Entonces sí la tocó.
Con una mano temblorosa, le secó una lágrima de la mejilla.
Camila cerró los ojos.
Y, por primera vez desde que huyó, dejó de sentirse sola.
Parte 7
La bebé nació esa misma noche.
Fue una niña.
Pequeña, fuerte, con un llanto tan decidido que hizo reír a una enfermera y llorar a los dos padres al mismo tiempo.
Julián cortó el cordón con manos torpes. Después la sostuvo contra su pecho como si el universo entero pudiera romperse si no la cuidaba bien.
—Se parece a ti —susurró mirando a Camila.
—Acaba de nacer. Todos los bebés parecen pasitas enojadas.
Julián soltó una carcajada inesperada.
La primera risa real en mucho tiempo.
—Entonces es una pasita preciosa.
Camila lo observó desde la cama.
Había agotamiento. Dolor. Un pasado lleno de fracturas.
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