Ella pensó que eran gemelos. Entonces el doctor se quedó inmóvil, volvió a contar… y susurró: “Hay un sexto bebé.”

Ella pensó que eran gemelos. Entonces el doctor se quedó inmóvil, volvió a contar… y susurró: “Hay un sexto bebé.”

—Apenas si alcanzaría para uno. O para dos. Pero para seis… no sé, Mari. Te juro que estoy haciendo todo. Vendí la moto, ya sabes. Le pedí adelanto al patrón. Tu papá me ofreció dinero y no quise aceptarlo, pero creo que ya no puedo seguir haciéndome el fuerte. Y aun así…

No terminó la frase.

Mariana sintió que el miedo le subía desde el pecho hasta la garganta.

—Entonces van a nacer y nosotros no vamos a poder…

—No —la interrumpió él, tomándole la cara entre las manos—. No digas eso. No me importa cómo. Vendemos la casa, dormimos en el piso, pedimos ayuda, hacemos rifas en la colonia, lo que sea. Pero esos niños van a llegar a un hogar.

Mariana cerró los ojos, dejando que las lágrimas corrieran.

Fue entonces cuando Doña Elena, que había escuchado desde la puerta, entró sin pedir permiso.

Traía un frasco de café en una mano.

Lo puso sobre la mesa.

—Aquí está.

Javier frunció el ceño.

—¿Qué es eso?

Doña Elena desenroscó la tapa. Dentro había billetes doblados y algunas monedas.

—Treinta años guardando “por si un día hace falta”. Bueno, ya hizo falta.

Don Roberto apareció detrás de ella y dejó sobre la mesa una pequeña caja metálica.

—Y aquí van mis ahorros también.

Javier abrió la boca para negarse, pero el viejo lo detuvo con una mirada firme.

—Hijo, el orgullo no compra incubadoras.

Aquella noche lloraron los cuatro.

Sin embargo, la vida todavía tenía pruebas más duras preparadas.

A las veintiséis semanas, Mariana comenzó con contracciones.

Primero fueron leves, una tensión rara en el abdomen. Luego, dolor. Después, una punzada profunda que la dobló sobre sí misma. Javier la llevó de urgencia al hospital, atravesando media ciudad con las manos temblando en el volante mientras ella apretaba los dientes para no gritar.

Los médicos entraron y salieron de la habitación con la velocidad de quienes saben que el tiempo puede ser un enemigo.

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