Ella pensó que eran gemelos. Entonces el doctor se quedó inmóvil, volvió a contar… y susurró: “Hay un sexto bebé.”

Ella pensó que eran gemelos. Entonces el doctor se quedó inmóvil, volvió a contar… y susurró: “Hay un sexto bebé.”

Durante un segundo, Mariana creyó que había escuchado mal.

¿Cinco qué?

¿Cinco medidas? ¿Cinco sacos? ¿Cinco latidos?

Javier se inclinó hacia adelante tan rápido que la silla rechinó contra el piso.

—¿Cinco bebés?

El doctor asintió una sola vez, todavía con la vista fija en la pantalla.

—Eso es lo que estoy viendo.

Mariana soltó una risa, porque a veces la mente se aferra a la emoción equivocada cuando la correcta es demasiado grande para sostenerla.

—Eso no es posible —dijo, y luego volvió a reírse, pero esta vez con un tono más agudo—. Literalmente no es posible.

El doctor movió otra vez el transductor.

Y entonces se quedó inmóvil de nuevo.

La risa murió en la garganta de Mariana.

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