Mi compañera me regalaba tamales a diario y, sin saberlo, yo se los daba a un gato callejero. Un mes después, la policía acordonó el camellón donde él vivía. “¡De esa oficina tiraban cosas!”, gritaron aterrados al desenterrar un perturbador secreto.
PARTE 1 —Si te quiere tanto, cómete el tamal aquí, delante de todos. Eso dijo Patricia, mi jefa, aquella mañana en la oficina, mientras todos se quedaban callados y Lupita…








