Él jamás había visto a una mujer temblar así después de una noche entera de deseo… pero cuando Alejandro vio la sábana manchada de sangre, entendió que no había compartido su cama con una aventura cualquiera, sino con un secreto capaz de destruirlo todo.
Camila estaba sentada en medio de la enorme cama, abrazándose las piernas como si quisiera desaparecer dentro de sí misma. La luz gris del amanecer se colaba por los ventanales…









