PARTE 3
Ricardo llegó al día siguiente vestido de camisa blanca, cabello despeinado y ojos rojos. Entró corriendo como un hombre destrozado.
—¡Mamá! ¿Qué pasó con Sofía? ¡Mi hermanita!
Se arrodilló junto a doña Carmen, que ya había vuelto del hospital con la presión por los cielos. Ella quiso hablar, pero al verme en la esquina de la sala, se quedó muda.
Ricardo me abrazó.
—Perdóname, Mariana. Yo estaba trabajando, no vi las llamadas. Si hubiera estado aquí…
Sentí asco. Esas mismas manos venían de tocar el vientre de su amante en Cancún.
—La policía dice que no fue falla mecánica —le dije en voz baja—. Dicen que cortaron los frenos con pinzas. Las encontraron en la cochera.
Ricardo se quedó rígido.
Miró a su madre.
Doña Carmen bajó la cabeza.
Ahí lo vi: el miedo de dos cómplices que saben que su plan salió mal, pero no saben cuánto sabe la víctima.
El velorio de Sofía fue pesado. Los parientes de Zacatlán lloraban, rezaban y repetían que nadie merecía morir tan joven. Yo me encargué de las flores, del café, del pan dulce, de recibir a todos. Me llamaban “buena nuera”, “gran esposa”, “pobre Mariana”.
Ricardo actuaba como hermano destruido. Pero cada vez que creía que nadie lo veía, arrinconaba a su madre y le susurraba furioso. Ella lloraba, temblaba y se llevaba las manos a la boca.
Tres días después, la policía citó a doña Carmen. Las huellas de las pinzas coincidían. Antes de que saliera esposada, me miró con odio.
—Tú lo sabías… tú viste todo…
—Yo solo sobreviví, suegra.
Ricardo intentó hacerse el sorprendido.
—Mamá, dime que no es cierto.
Pero esa misma tarde mi abogado presentó la grabación de una conversación donde Ricardo, Carmen y Sofía hablaban del seguro, del plan de los frenos y de cómo repartirían mi casa, mis acciones y el dinero. También entregamos el video de la cochera y las fotos de Cancún con la amante embarazada.
Cuando Ricardo fue llamado a declarar, todavía quiso fingir.
—Yo amaba a mi esposa. Esto es una trampa.
Entonces le pusieron el audio.
Su propia voz llenó la sala:
“Con que parezca accidente basta. El seguro paga doble. Después traigo a Valeria y al niño.”
Ricardo no lloró por Sofía.
Lloró cuando entendió que lo había perdido todo.
La empresa congeló sus cuentas. Mi abogado inició el divorcio, la revocación de beneficios y una demanda civil. La aseguradora bloqueó cualquier pago. La policía abrió investigación por tentativa de homicidio, fraude y asociación delictuosa. Doña Carmen confesó parcialmente cuando supo que su hijo intentaba culparla de todo.
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