Esa noche, Sofi se durmió en mi regazo con un libro de cuentos abierto sobre el pecho. Le acaricié el cabello y susurré, más para mí que para ella:
—Nunca te conformes con que te vean pequeña. Eres entera. Incluso cuando el mundo intenta doblarte.
Apagué la luz. Cerré la puerta. Y por primera vez en años, el silencio no pesaba.
Solo respiraba.
**FIN**
—
Leave a Comment