PARTE 2: Las medicinas en la basura Doña Carmen fue la primera en….

PARTE 2: Las medicinas en la basura Doña Carmen fue la primera en….

—¿Qué quieres decir con eso?
—Que todas las tarjetas ligadas a mis cuentas quedan canceladas.
Fernanda soltó una risa nerviosa.
—No seas ridículo.
Santiago levantó el celular.
—Ya lo hice.
Paola tomó su cartera con desesperación, abrió la aplicación del banco y su rostro perdió color.
—Mi tarjeta aparece bloqueada.
Doña Carmen dio un paso hacia él, indignada.
—¿Serías capaz de hacerle esto a tu propia familia?
Santiago no apartó la mirada.
—Mi familia está arriba tratando de no desmayarse.
Entonces Valeria murmuró algo.
Muy bajito.
Pero Santiago la escuchó.
—Tal vez si Mariana dejara de actuar como princesa embarazada, no estaríamos en esto.
Santiago giró lentamente hacia ella.
—¿Qué dijiste?
Valeria tragó saliva.
Fernanda dejó de mirar el celular.
Paola bajó la vista.
Un presentimiento horrible le apretó el estómago.
—¿Qué hicieron?
Valeria se puso a la defensiva.
—Fue una prueba.
—¿Una prueba?
—Ella siempre decía que se mareaba, que se sentía débil, que necesitaba sus pastillas… Mamá dijo que muchas embarazadas exageran para llamar la atención.
Santiago sintió que la sangre le golpeaba los oídos.
—Valeria, dime exactamente qué hiciste.
Ella levantó la barbilla, aunque ya no sonaba tan segura.
—Tiré sus vitaminas y los suplementos que le mandó la doctora.
El mundo se detuvo.
Santiago la miró sin parpadear.

—¿Tú qué?
Doña Carmen intervino rápido:
—No hagas un drama. Eran pastillas. Podía comprar más.
Santiago explotó.
—¡Eran medicamentos recetados!
Su grito hizo que las cuatro se estremecieran.
—¡Mariana tiene anemia! ¡Tiene la presión alta! ¡Esos suplementos son para protegerla a ella y al bebé!
Valeria empezó a ponerse pálida. —Era hierro nada más…
—¡Era medicina para mi esposa embarazada!
Santiago se llevó ambas manos a la cara, tratando de no perder el control.
—¿Tiraron sus medicinas porque pensaron que no estaba sufriendo lo suficiente?
Nadie respondió. Porque no había excusa. Solo crueldad.
Santiago subió corriendo. Encontró a Mariana recostada de lado, con una mano en el vientre y los ojos llenos de miedo. —¿Qué pasó? —preguntó ella.
Él se arrodilló junto a la cama. —Tiraron tus medicinas.
Mariana rompió en llanto. —Yo iba a reponerlas mañana. Pero tu mamá dijo que ya había gastado mucho este mes y que no podía estar pidiendo dinero para todo.
Santiago sintió náuseas. —¿Por qué no me lo dijiste?

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