PARTE 2:
Las medicinas en la basura
Doña Carmen fue la primera en ponerse de pie.
—A mí no me hablas así, Santiago. Soy tu madre.
Él señaló hacia la cocina.
—¿Quién obligó a Mariana a lavar todo eso sola?
Valeria puso los ojos en blanco.
—Ay, por favor. Son platos.
—No —dijo Santiago, con la voz baja pero firme—. Es mi esposa de ocho meses de embarazo llorando sobre un fregadero a las diez de la noche mientras ustedes comen comida que yo pagué.
Fernanda cruzó los brazos.
—Mariana siempre se hace la cansada.
Paola agregó:
—Además, ni trabaja.
Santiago la miró como si no la reconociera.
—Está cargando a mi hijo.
Doña Carmen endureció el rostro.
—Y vive en mi casa.
Esa frase fue suficiente.
Santiago respiró hondo.
—No, mamá. Esta no es tu casa. Es mía. Yo la compré. Yo pago la hipoteca. Yo pago la luz, el agua, el internet, la comida, sus teléfonos, sus salidas y sus caprichos. Y esta noche se termina su vida cómoda.
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