“Mi mamá pensó que los niños dormirían mejor en tu recámara. A ti te pusimos una camita plegable en la bodega del jardín. Tiene luz y entra aire fresco.”
Me quedé esperando que se riera. Que dijera que era una broma absurda nr.
Pero no.
próximaDoña Leticia se acercó con una sonrisa venenosa.
“Mi hijo se ganó todo esto al casarse contigo. Ya era hora de que compartieras con la familia de verdad.”
En ese momento entendí que para ellos yo nunca fui familia. Fui una tarjeta bancaria con piernas.
Entonces sonreí.
“Tienen razón”, dije bajito. “El aire fresco es perfecto para la gente que está a punto de quedarse sin casa.”
Rodrigo frunció el ceño.
“¿Qué dijiste?”
No le contesté. Tomé mi laptop y caminé hacia la bodega del jardín.
Nadie imaginaba que, mientras celebraban dentro de mi casa, yo estaba a punto de cerrarles la puerta a su falsa victoria.
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