TRES AÑOS ME w PARTÍ EL ALMA EN ALTAMAR PARA DARLE UNA BUENA VIDA A MI ESPOSA. REGRESÉ SIN AVISAR PARA SORPRENDERLA… PERO CUANDO ENTRÉ POR LA PARTE TRASERA DE NUESTRA CASA, LAS LÁGRIMAS SE ME VINIERON ABAJO. ¡LA MUJER A LA QUE LE HABÍA PROMETIDO EL CIELO ESTABA VESTIDA CON HARAPOS Y COMIENDO SOBRAS ECHADAS A PERDER SACADAS DE LA BASURA!
La promesa del otro lado del mar
Yo me llamo Sebastián, tengo treinta y dos años y soy jefe de máquinas en un crucero internacional. Pasé tres años sin volver a México. Aguanté olas inmensas, noches sin dormir y una soledad insoportable lejos de mi esposa, Camila, y de nuestro hijo, Dieguito, que apenas tenía un año cuando me fui.

Como Camila no tenía cuenta bancaria propia y no estaba acostumbrada a manejar grandes cantidades de dinero, confié todos mis envíos a mi hermano mayor, Armando. Mes tras mes, le mandaba cien mil pesos.
—Hermano, encárgate de Camila y de Diego mientras yo no esté —le dije antes de embarcarme—. Quiero que vivan cómodos. Y usa también ese dinero para construir la casa de nuestros sueños.
—No te preocupes, Sebastián. Yo me encargo de tu esposa y de tu hijo. A Camila la vamos a tratar como reina —me respondió Armando, sonriendo.
Y yo le creí. Le creí a mi propia sangre.
El regreso en secreto
Mi contrato terminó antes de tiempo. Quería ver la sorpresa y la felicidad en los ojos de mi esposa, así que no le avisé a nadie que regresaba. Llevaba conmigo perfumes caros, unas joyas y juguetes que había comprado con tanto esfuerzo para mi mujer y mi hijo.
Al salir del aeropuerto, tomé un taxi directo a Zapopan, Jalisco. Cuando llegué a la dirección que Armando me había mandado, sonreí.
Frente a mí se lev
La reina entre la basura
Se me soltaron las maletas de las manos.
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