Y por primera vez en muchísimos años, ninguno de los dos sintió miedo del mañana.
Porque habían comprendido por fin que el amor verdadero no siempre llega para evitar el dolor.
A veces llega para sobrevivirlo.
Para volver después de la ruina.
Para juntar los pedazos que el tiempo dejó esparcidos.
Y para demostrar que incluso una vida rota puede regalar el milagro de un hogar.
Leave a Comment