En cambio…
Levantó la mano.
Y tocó suavemente mi rostro.
Ese gesto.
Familiar.
Cálido.
Real.
—Tú… eres la razón por la que regresé.
Tres semanas después…
Nos fuimos de la ciudad.
Sin ceremonia.
Sin explicaciones.
Sin despedidas.
Solo dos personas… que se perdieron… y se encontraron de nuevo.
Empezamos desde cero.
En un lugar donde nadie sabía quiénes éramos.
Sin pasado.
Sin secretos.
Solo el presente.
A veces me despierto en la noche.
Lo miro dormir a mi lado… y me pregunto si todo fue un sueño.
Pero entonces toma mi mano.
Como antes.
Y lo sé.
Es real.
Sigue siendo el mismo hombre.
El que “murió” una vez…
Solo para volver a vivir… y elegirme otra vez.
FIN.
abo de seguir a un hombre idéntico a mi esposo hasta un lugar lleno de fotos mías! ¿De verdad crees que puedo fingir que no pasa nada?
Guardó silencio.
Un silencio largo.
Luego dijo algo que me dejó paralizada:
—Te he estado vigilando… durante cinco meses.
Sentí que el mundo se detenía.
—…¿Qué?
—Tenía que asegurarme de que estabas a salvo. Cada día. Cada lugar al que ibas.
Las lágrimas no dejaban de caer.
—¿Entonces por qué no apareciste?
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