Pero ahora…
solo eran decoración de una mentira rota.
Mariana pasó junto a mí.
—Hiciste lo correcto.
Asentí.
Pero no sonreí.
Porque hacer lo correcto…
no siempre se siente bien.
EPÍLOGO
Esa noche, regresé sola a la ciudad.
Sin familia.
Sin disculpas.
Sin nada.
Excepto…
yo misma.
Días después, recibí un mensaje.
De un número desconocido.
“Gracias.”
Era Camila.
Nada más.
Ninguna explicación.
Ningún perdón.
Pero era suficiente.
Porque por primera vez en nuestras vidas…
ella había visto la verdad.
Y yo…
ya no necesitaba ser invisible.
Miré mi reflejo.
Mi cabello corto.
Irregular.
Imperfecto.
Y sonreí.
Porque ya no era una corona lo que llevaba.
Era algo más fuerte.
Era libertad.
Leave a Comment