—No entiendes —murmuró—. Esto no era para ti.
Los agentes lo rodearon.
Uno de ellos le colocó las esposas.
El sonido metálico resonó como un disparo.
—Tiene derecho a guardar silencio…
Camila empezó a temblar.
—Diles que no… diles que es mentira…
Pero Sebastián ya no la miraba.
Solo miraba el suelo.
LA VERDAD
Mariana se giró.
Y me encontró.
—Gracias por la información —dijo.
Las miradas siguieron la suya.
Hacia mí.
Mi madre se llevó la mano a la boca.
Mi padre dio un paso atrás.
—Tú… —susurró.
Camila me miró como si nunca me hubiera visto antes.
—¿Fuiste tú?
No respondí de inmediato.
Avancé un paso.
—Solo dije la verdad.
—¡Arruinaste mi vida! —gritó.
Negué suavemente.
—No, Camila… yo te la salvé.
El silencio volvió a caer.
—Ese hombre no es quien crees —continué—. Lleva años usando matrimonios para lavar dinero a través de empresas familiares.
Los invitados comenzaron a murmurar.
Algunos se levantaron.
Otros grababan.
El espectáculo perfecto…
se había convertido en un escándalo nacional.
EL COLAPSO
Camila cayó de rodillas.
Su vestido blanco se extendió a su alrededor.
—No… no…
Mi madre corrió hacia ella.
—Mi niña… todo va a estar bien…
Pero su voz temblaba.
Por primera vez…
no tenía control.
Mi padre me miró.
Con algo nuevo en los ojos.
No era orgullo.
No era amor.
Era… miedo.
—¿Desde cuándo sabías? —preguntó.
Lo miré.
—Desde que dejé de confiar en ustedes.
EL FINAL
La música se había detenido.
Las luces seguían brillando.
Pero la magia…
había muerto.
Los invitados comenzaron a irse.
Las flores seguían siendo hermosas.
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