Cuando Lucía salió, Rosa tomó un poco de esa leche y la guardó en un vasito pequeño dentro de su bolsa. No sabía qué era, pero su instinto de madre le gritaba que ese bebé estaba en peligro.
Esa noche, Sebastián lloró como nunca. Valeria cerró la puerta del cuarto y se fue a ver televisión. Rosa no aguantó. Entró, cargó al bebé y le cantó bajito, como hacía con sus propios hijos en Nezahualcóyotl.
—Shhh, mi niño… aquí estoy yo.
Sebastián se aferró a su uniforme con sus manitas débiles.
Y entonces Rosa escuchó pasos detrás de ella.
Valeria estaba en la puerta, sonriendo sin mover los ojos.
—Te dije que no te metieras con lo que no te importa.
Y nadie podía imaginar lo que estaba a punto de pasar…
PARTE 2
Al día siguiente, Rosa llegó a la mansión con la muestra de leche escondida en su bolsa. No había dormido. Cada vez que cerraba los ojos veía a Lucía vaciando ese líquido transparente en la mamila de Sebastián.
Su hijo mayor, Fernando, trabajaba como técnico de laboratorio en el Hospital General. Si alguien podía ayudarla sin hacer preguntas, era él.
Pero antes necesitaba más pruebas. Acusar a la esposa de Diego Santana no era cualquier cosa. Valeria tenía dinero, apellido, abogados y amistades en todos lados. Rosa solo tenía su palabra y un vasito de leche sospechosa.
Esa mañana Diego estaba en la cocina, tomando café sin ganas. Se veía más flaco, con ojeras profundas.
—Rosa —le dijo de pronto—, tú que criaste hijos… ¿es normal que un bebé baje tanto de peso?
Rosa tragó saliva.
—No así, señor Diego. Yo he visto que cuando usted le da la mamila, Sebastián come bien. Pero cuando se la da Lucía… llora, la rechaza.
Diego se quedó pálido.
—Yo también lo noté.
Antes de que Rosa dijera más, apareció Valeria con ropa deportiva carísima, como si fuera portada de revista.
—Otra vez con lo mismo, Diego. Lucía sabe lo que hace. No puedes vivir paranoico.
—Mi hijo perdió casi un kilo, Valeria.
—Los bebés son delicados. Además, hoy tenemos cena con los inversionistas de Monterrey. No vas a cancelar por otro berrinche del niño.
Rosa vio cómo Diego apretó la mandíbula.
Cuando él salió, Valeria se acercó a Rosa.
Leave a Comment