Quedé embarazada cuando todavía estaba en décimo grado.

Quedé embarazada cuando todavía estaba en décimo grado.

Cerré los ojos un instante.

Pensé en la lluvia de aquella noche.

En el frío.

En el miedo.

En mi hija… en Valentina… en cada paso que di sola.

Abrí los ojos.

—Ya no importa —dije finalmente—. Porque ya no los necesito.

Subí al auto.

Encendí el motor.

Y mientras me alejaba, vi por el retrovisor a tres figuras en la puerta de aquella casa que alguna vez fue mi mundo.

Pero ahora…

ya no era más que un recuerdo.

Esa noche, al llegar a casa, Valentina me recibió en la puerta.

—Mamá, ¿todo bien? —preguntó.

La miré.

Y por primera vez en años… sentí paz completa.

—Sí —respondí, abrazándola—. Todo está finalmente en su lugar.

Ella sonrió.

Y en ese instante entendí algo que me liberó por completo:

No había perdido una familia aquel día…

solo había dejado espacio para construir una mejor.

FIN

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