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Me sonrojé, sintiéndome un poco más tranquila. “Gracias. ¿Y adónde vamos?”
“Pensé en llevarte a este nuevo sitio en el centro. Es elegante, pero la comida es increíble.”
—Me parece bien —respondí, intentando disimular mi sorpresa. No estaba acostumbrada a salidas tan elegantes.
Jess y Stewart en el restaurante de lujo | Fuente: Pexels
Jess y Stewart en el restaurante de lujo | Fuente: Pexels
El restaurante parecía sacado de una película, con una decoración encantadora y discreta, pero que desprendía lujo. Me sentía un poco desaliñada con mi atuendo cuidadosamente elegido. Stewart, sin embargo, parecía sentirse como en casa; charlaba animadamente con el anfitrión y me acompañó a nuestra mesa.
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“Este lugar es increíble”, dije, mirando a mi alrededor con asombro.
—Solo lo mejor —respondió con un guiño—. Pide lo que quieras.
El menú me dejó boquiabierto. Todo era exageradamente caro, pero Stewart restó importancia a mis dudas. “No te preocupes, yo invito”.
El elegante interior del restaurante | Fuente: Pexels
El elegante interior del restaurante | Fuente: Pexels
Sonreí, agradecida y halagada. Nuestra conversación fluyó con naturalidad. Stewart era encantador, divertido e inteligente. Me encontré riendo más que en semanas.
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La velada transcurría a la perfección hasta que llegó la cuenta. Stewart entregó su tarjeta con un gesto seguro, aún en medio de una broma. La camarera regresó con expresión incómoda.
“Lo siento, señor, pero su tarjeta ha sido rechazada.”
El rostro de Stewart se ensombreció. “Eso no puede ser correcto. Inténtalo de nuevo.”
Stewart presenta su tarjeta de crédito para pagar la comida | Fuente: Midjourney
Stewart presenta su tarjeta de crédito para pagar la comida | Fuente: Midjourney
Lo hizo. Dos veces más, con el mismo resultado. El encanto de Stewart se desvaneció, reemplazado por un ceño fruncido. «Esto es ridículo. ¿Sabes siquiera usar la máquina?», espetó.
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