Pensé que había perdido para siempre a una de mis gemelas recién nacidas. Seis años después, mi otra hija llegó a casa de su primer día de colegio pidiéndome que preparara un almuerzo extra para su hermana. Lo que siguió destrozó todo lo que creía saber sobre el amor, la pérdida y lo que significa ser madre.
Hay momentos de los que nunca te recuperas. Momentos que calan tan hondo que los sientes en todo lo que haces.
En mi caso, ocurrió hace seis años, en una habitación de hospital llena de pitidos, órdenes gritadas y mi propio latido en los oídos. Entré en labor de parto de mis gemelas, Junie y Eliza.
Pero… sólo una salió viva.
Me dijeron que mi bebé no había sobrevivido. Complicaciones, dijeron, como si eso explicara el espacio vacío en mis brazos.
Ni siquiera llegué a verla.
Hay momentos de los que nunca te recuperas.
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