Le di mi asiento a una anciana en el autobús. Ella susurró: “Si tu marido te compra un collar, ponlo en agua primero”. Esa noche, aprendí que su regalo no era amor… era una sentencia de muerte.
Daniela Varela nunca imaginó que la frase que le salvaría la vida le iba a caer encima en un camión repleto, entre bolsas del mandado, sudor ajeno y el ruido…









