PARTE 2
Adrián salió de la escuela con el dibujo temblando entre las manos. El viento de la tarde levantaba polvo sobre la avenida mientras los últimos padres se alejaban con sus hijos. Subió a su viejo Tsuru blanco y se quedó inmóvil varios segundos, mirando el teléfono.
Había marcado al2004 DIF.
Había marcado a protección infantil.
Pero nadie respondió.
Solo grabadoras automáticas.
Apretó el volante con fuerza. Sentía rabia… y miedo.
Porque conocía hombres como Ramiro.
Hombres que tenían dinero, contactos y una sonrisa falsa frente a todos. Hombres capaces de destruir a cualquiera que se interpusiera.
El celular vibró de repente.
Número desconocido.
—¿Bueno? —contestó Adrián.
Del otro lado solo hubo respiración.
Lenta.
Pesada.
Después, una voz ronca murmuró:
—Aléjate de mi familia si quieres seguir vivo, maestro.
La llamada se cortó.
Un escalofrío recorrió la espalda de Adrián.
Miró hacia la entrada de la escuela… y vio la camioneta negra estacionada al otro lado de la calle.L
Ramiro seguía ahí.
Observándolo.L
Esa noche, Adrián no pudo dormir.
El dibujo de Ximena seguía sobre su mesa. Lo observó durante horas. Entre los rayones rojos había algo más. Algo escrito muy pequeño, casi invisible.
Tomó una lámpara y acercó el papel.
Entonces lo vio.
Una frase.
“Me amarran a la silla.”
El aire se le fue de los pulmones.
Adrián sintió ganas de vomitar.
A las 6 de la mañana regresó a la escuela decidido a denunciar todo directamente ante la policía. Pero al entrar al salón encontró a la directora Leticia esperándolo con dos hombres vestidos de civil.
—Maestro Adrián, necesitamos hablar con usted —dijo ella con una sonrisa fría.
Uno de los hombres mostró una credencial rápidamente.
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