—No es 1 mentira —1 voz grave y autoritaria resonó desde el pasillo. Era el doctor Alejandro De la Garza, el tío genetista de Miguel que llevaba años sin hablarse con Victoria. El anciano se acercó y miró fijamente los ojos de los trillizos—. Tienen la heterocromía parcial en el iris izquierdo. 1 pequeña mancha dorada. Miguel la tiene. Mi padre la tenía. A menos que esta mujer haya encontrado 3 actores con 1 mutación genética exclusiva de nuestra familia, estos niños son sangre de nuestra sangre.
El silencio fue absoluto. En ese instante, las puertas principales se abrieron de par en par. Isabela Castañeda apareció luciendo 1 vestido de diseñador espectacular, del brazo de su padre, el senador. Pero la novia no encontró miradas de admiración; encontró cientos de cabezas giradas hacia 1 mujer de verde y 3 niños idénticos al novio.
Isabela llegó al altar con el rostro desencajado. Miró a Miguel, luego a los trillizos, notando la innegable mancha dorada en los ojos de los 3.
—¿Tienes 3 hijos escondidos? —preguntó Isabela, con la voz temblando.
—¡Has deshonrado a mi hija! —rugió el senador Castañeda, agarrando a Miguel por las solapas del esmoquin y sacudiéndolo violentamente—. ¡Tienes 1 familia bastarda!
—No son bastardos —interrumpió Sofía, poniéndose de pie con 1 autoridad implacable—. Fueron concebidos dentro de 1 matrimonio legítimo. Son los herederos legales y, según la ley mexicana, tienen derecho a 1 parte sustancial de la fortuna familiar.
Victoria soltó 1 grito ahogado y se dejó caer en 1 silla, llevándose la mano al pecho, pero nadie fue a socorrerla. Isabela soltó el ramo de orquídeas raras, se dio la media vuelta y salió corriendo de la hacienda llorando a mares, seguida de cerca por su enfurecido padre. La boda del año se había convertido en el escándalo de la década. Los invitados ya estaban grabando y tuiteando el desastre.
Sofía miró su reloj de diamantes.
—Bueno, el espectáculo terminó más rápido de lo que pensé. Niños, despídanse del señor —dijo con total calma.
Sofía dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la salida. Miguel corrió torpemente tras ella.
—¡Sofía, espera! ¡No te los lleves! —suplicó Miguel, cayendo de rodillas sobre la grava del camino.
Sofía ordenó a los niños que subieran a la camioneta blindada y cerró la puerta, aislando el sonido. Se giró hacia el hombre que alguna vez amó.
—Son míos, Miguel. Yo los parí, yo los curé cuando tenían fiebre, yo trabajé hasta sangrar para darles 1 vida. Tú solo fuiste el donante.
Días después del escándalo, la venganza legal de Victoria no se hizo esperar. Sofía recibió 1 demanda por fraude paternal y alienación, exigiendo la custodia total. Victoria contrató a los 5 abogados más despiadados de Polanco.
El viernes, en la sala de juntas de 1 lujoso despacho en la Ciudad de México, Victoria y Miguel estaban sentados frente a Sofía. Victoria lucía exhausta, pero su arrogancia seguía intacta.
—Seamos prácticas, Sofía —dijo Victoria, sacando 1 chequera—. Sabemos que finges tener dinero para impresionarnos. Las batallas legales son caras. Te ofrezco 5 millones de pesos ahora mismo. Firmas la custodia total para Miguel y te desapareces.
Sofía miró el cheque y soltó 1 carcajada genuina.
—¿5 millones? Qué ternura.
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