“Hoy me dio fiebre. Preparé sopa, lavé uniformes y limpié el baño. Daniel llegó y preguntó por qué la sala olía a medicina. No preguntó cómo estaba.”
Otra página.
“Extraño diseñar. Extraño dibujar. Extraño sentir que soy alguien más que manos para lavar y cocinar.”
La libreta se me cayó sobre las piernas. Yo recordaba esos días, pero en mi memoria siempre estaban cubiertos por mis problemas, mi cansancio, mi trabajo. Nunca vi el cansancio de ella.
En el mismo cajón encontré recibos impresos, depósitos pequeños, comprobantes de ventas por internet. Marisol había estado vendiendo pulseras bordadas, bolsas tejidas y tarjetas personalizadas. También daba clases en línea a niños por las tardes, mientras Mateo dormía.
No era una mujer indefensa.
No era la mantenida que mi madre decía.
Era una mujer preparándose para escapar de nosotros.
La llamé más de veinte veces esa noche. Al principio con enojo.
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