No hubo beso bajo la lluvia ni promesa de empezar otra vez.
Solo dos personas sentadas frente a frente, aceptando que el amor también puede morir por cosas que nunca se dicen.
Antes de irse, Elena le dijo:
—Ojalá un día puedas tener paz.
Mateo asintió.
—Estoy aprendiendo.
Ella se fue caminando por la banqueta.
Mateo no la siguió.
Por primera vez en su vida, entendió que amar también era dejar ir sin pedir premio por haber entendido tarde.
Dicen que el dinero puede salvar a un hombre cuando todo se derrumba.
Pero Mateo aprendió de la peor manera que no hay fortuna que alcance para comprar de regreso la confianza que uno mismo destruyó.
Porque a veces la casa no se queda vacía cuando se va una mujer.
A veces se vacía mucho antes, cuando un hombre decide creerle más al miedo que al amor.
Leave a Comment