Alejandro quedó paralizado. Antes de que pudiera procesar las palabras, las puertas automáticas se abrieron. Era Valeria. Llevaba 1 abrigo impecable, el cabello perfectamente peinado y 1 expresión de sorpresa demasiado ensayada.
—¿Qué pasó? —preguntó Valeria con voz suave, dejando caer 1 sola lágrima perfecta.
—El niño está vivo, pero grave —dijo 1 médico saliendo de terapia intensiva.
Valeria miró a Leticia de arriba a abajo, notando sus manos llenas de tierra.
—Qué conveniente, Leticia —dijo Valeria, bajando la voz para que solo ellos la escucharan—. Tú, sola, a las 3 de la madrugada, cavando exactamente en el lugar correcto. Casi parece que sabías dónde estaba.
Leticia sintió que el aire le faltaba.
Horas más tarde, cuando Leticia regresó a la casa para cambiarse de ropa, encontró a Valeria esperándola en el pasillo oscuro.
—Te metiste donde no debías, sirvienta —susurró Valeria, acercándose a su rostro—. Y ahora, vas a pagar las consecuencias.
Leticia tragó saliva, dándose cuenta de que estaba atrapada en 1 red mortal. Es imposible creer lo que estaba a punto de desatarse…
PARTE 2
Al amanecer del día siguiente, la mansión Garza se había transformado en 1 prisión de cristal. La tensión era tan densa que casi podía cortarse. Los otros empleados, intimidados por el poder de la nueva señora de la casa, evitaban mirar a Leticia.
Valeria no perdió ni 1 segundo. Llamó a las autoridades y entregó 1 memoria USB al comandante de la policía ministerial. En ella, había grabaciones de las cámaras de seguridad del jardín, pero estaban manipuladas. Los videos solo mostraban a Leticia caminando por el césped con 1 pala a las 3 de la madrugada y luego sacando al niño. El momento exacto en el que alguien enterraba a Leo, convenientemente, no había quedado registrado por 1 supuesta “falla del sistema”.
—Es 1 mujer desequilibrada, comandante —decía Valeria en la sala, fingiendo 1 llanto ahogado mientras se secaba lágrimas inexistentes—. Desde que me casé con Alejandro, Leticia ha desarrollado 1 obsesión enfermiza con los niños. No soporta que me llamen mamá. Creo que enterró a Leo para luego fingir que lo salvaba y quedar como 1 heroína ante mi esposo.
Leticia, escuchando desde la cocina, sentía que la rabia le quemaba el pecho. No tenía dinero, no tenía poder, pero tenía algo más fuerte: el amor por esos niños que ella misma había criado desde que perdieron a su madre biológica hace 4 años.
Esa misma noche, mientras la lluvia azotaba los grandes ventanales de la casa, la puerta de la habitación de Leticia se abrió lentamente. Era Sofía, la hermana mayor de Leo, de 9 años. La niña abrazaba 1 oso de peluche con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos. Sus ojos estaban hinchados de tanto llorar.
—Lety… tengo mucho miedo —susurró la niña.
Leticia corrió a abrazarla, sentándola en su cama.
—No llores, mi niña. Leo es fuerte, los doctores dicen que ya está respirando mejor por sí solo.
Sofía negó con la cabeza, temblando.
—No es por eso. Valeria me dijo que, si le cuento a alguien lo que vi, mi papá se va a morir igual que mi mamá.
Leticia sintió que la sangre se le congelaba.
—¿Qué viste, mi amor? Dímelo, por favor. Aquí nadie te va a hacer daño.
La niña tomó aire, sollozando.
—Ayer, antes de dormir, Valeria le dio a Leo 1 jugo diferente. Dijo que era medicina para que no tuviera pesadillas. Pero Leo se quedó dormido de inmediato en el sillón. Luego… vi a Valeria cargándolo hacia el jardín trasero. Ella llevaba guantes de jardinería.
La confirmación fue como 1 puñalada. Leticia sabía que tenía que actuar rápido, o todos en esa casa terminarían muertos.
A las 2 de la madrugada, sabiendo que Valeria y Alejandro estaban en el hospital, Leticia se armó de valor y se coló en la suite principal. Encendió la pequeña linterna de su celular. Registró el vestidor inmenso de Valeria, buscando entre bolsos que costaban más que su vida entera. Detrás de 1 caja de zapatos de diseñador, encontró 1 pequeño cofre de seguridad mal cerrado.
Dentro, Leticia halló lo que cambiaría el rumbo de la historia.
Había 1 frasco de gotas sedantes de uso psiquiátrico, vacío a la mitad. Pero lo más escalofriante era 1 pasaporte viejo. La foto era de Valeria, pero el nombre decía “Carolina Mendoza”. Junto al pasaporte, había recortes de periódicos de otros estados: Jalisco y Querétaro. Los titulares hablaban de 2 empresarios millonarios fallecidos por “infartos repentinos” y viudas que habían heredado fortunas millonarias para luego desaparecer.
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