Y me entregó un nuevo dibujo.
Esta vez éramos solo dos personas tomadas de la mano.
Ella y yo.
Encima había escrito:
“Papá Daniel no se fue.”
Tuve que girarme porque sentí lágrimas llenándome los ojos.
Meses después inicié oficialmente el proceso de adopción.
El juez me preguntó durante la audiencia:
—¿Está completamente seguro de asumir esta responsabilidad?
Miré a Sofía sentada junto a mí abrazando a Scout, su viejo zorro de peluche.
Y respondí algo que jamás había sentido tan profundamente.
—No la estoy asumiendo.
Ella me salvó a mí primero.
Hoy Sofía tiene nueve años.
Ya no llora cuando alguien levanta la voz.
Ya no tiembla al oler humo.
Y cada año, el día de su cumpleaños, hacemos algo especial.
Subimos juntos a las montañas afuera de Guadalajara.
Encendemos una pequeña fogata.
Y lanzamos cartas al fuego.
No para recordar el horror.
Sino para recordar que sobrevivimos.
Porque algunas personas nacen en incendios.
Y aun así… encuentran la forma de convertirse en luz.
Leave a Comment