Negó con la cabeza.
“No puedo. Mi hermano está esperando. No está bien. Soy su única cuidadora.”
“¿Solo cuidador?”
“Después de que nuestra madre falleciera, solo quedo yo.” Forzó una sonrisa cansada. “Buenas noches, señor.”
Se apresuró a regresar bajo la lluvia. Desde la ventana, la vi alcanzar un viejo Mustang oxidado bajo la farola. El motor no arrancaba. Luego bajó la frente al volante, y cuando sus hombros empezaron a temblar, supe que no era solo una mala noche.
Fue una vida dura.
Cogí las llaves, pero antes de llegar a ella, el motor finalmente se paró. Se limpió la cara, se echó atrás demasiado rápido y desapareció bajo la lluvia.
Me quedé allí con comida fría en la mano y veinte años de recuerdos en el pecho.
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