PARTE 2: Fui directo a la casa de mi madre en Coyoacán.
Alejandro suspiró.
—Mariana, estás emocional.
—No me hables como si fuera una clienta.
—Tu familia cometió errores. Roberto decidió contener el daño.
—¿Contenerlo? Lo destruyeron.
—Tienes una buena vida porque otros tomaron decisiones difíciles.
Lo miré como si acabara de conocerlo.
—No tengo una buena vida. Tengo una vida robada.
Puse la carta de Roberto sobre la mesa. Alejandro intentó tomarla, pero la aparté.
—Si esto sale —dijo con voz baja—, tu madre puede ir a prisión. Daniel lo perderá todo. Tu nombre también será arrastrado.
—¿Y Roberto?
No respondió.
Esa noche entendí que la verdad no solo iba a doler.
Iba a quemarlo todo.
Y lo que descubrí al amanecer me obligó a buscar a Roberto antes de que mi familia llegara primero…
Leave a Comment