Ella nunca había sido realmente pobre.
Porque siempre había sido rica en amor.
LA PUESTA DE SOL DE UNA MADRE
Esa tarde, se sentaron juntos a contemplar la puesta de sol sobre el lago.
El cielo resplandecía de color naranja y carmesí.
Se abrazaron.
Una suave brisa le acarició el rostro, y por un instante sintió como si su difunto esposo también estuviera allí, sonriendo con orgullo.
—Ahora puedo descansar —susurró Teresa.
Sus hijos habían aprendido a volar.
Pero, lo que es más importante, habían aprendido lo que significaba el sacrificio.
Y descubrió que cuando una madre siembra amor, la vida se lo devuelve, multiplicado y con alas.
Esta noche, antes de irte a dormir, ¿llamarás a tu madre?
Porque, al final, todos volamos alto porque alguien una vez caminó descalzo para que nosotros pudiéramos correr.
¿Quién fue el tuyo?
Leave a Comment