Quizás él tampoco.
Lo vi caminar hacia el portón de la escuela con su mochila y sus pasos un poco más firmes. No era un final perfecto. Esos no existen.
Pero era un comienzo limpio. Y a veces eso es enorme.
Meses después, cuando pensé que las cosas finalmente se estaban acomodando, Claudia me llamó una noche y me dijo que había llegado una carta sin remitente a la casa.
Estaba dirigida a Mateo.
Y adentro solo había una frase.
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