“SÍ.”
Josías emitió un sonido, mitad sollozo, mitad risa. “Señor, no… no puedo”.
—Puedes. Y lo harás. —La voz de mi padre era firme, pero no cruel—. Josiah, protegiste a mi hija mejor que cualquier hombre blanco. La hiciste feliz. Le diste confianza y habilidades que creí que había perdido para siempre. A cambio, te doy la libertad y a la mujer que amas.
—Padre —susurré, con lágrimas corriendo por mi rostro—. Gracias.
“No me des las gracias todavía. No será fácil. Hay comunidades abolicionistas en Filadelfia que te recibirán con los brazos abiertos, pero aun así te enfrentarás a prejuicios. Elellanar, como mujer blanca casada con un hombre negro… Sí, casada. Estoy organizando un matrimonio legal antes de que te vayas. Muchos te marginarán. Te enfrentarás a dificultades económicas, sociales y quizás incluso físicas. ¿Estás segura de que quieres eso?”
“Más seguro que cualquier otro lugar en el que haya estado.”
Leave a Comment