—Me enteré después de la boda. Tu hermano vino borracho al rancho y se burló. Dijo que se apostó con unos hombres del pueblo que yo no sería capaz de llevar una mujer a casa.
Clara sintió que la vergüenza y la furia la ahogaban.
—Entonces yo valía una deuda para mi padre… y una apuesta para mi hermano.
Elías levantó la mirada.
—No para mí.
Ella lo miró en silencio.
—¿Entonces por qué aceptaste?
Él tardó tanto en responder que Clara pensó que no lo haría.
—Porque estaba cansado de estar solo. Y porque pensé que una mujer obligada a venir conmigo no esperaría demasiado de mí.
Esas palabras la atravesaron.
Leave a Comment