No supe qué responder.
Días después recibí una carta de Mariana desde prisión.
“Mamá, al principio te odié. Pensé que me habías traicionado. Pero empiezo a entender que no fuiste tú quien me metió aquí. Fueron mis decisiones. No sé si pueda perdonarte todavía, pero sé que algún día tendré que pedirme perdón a mí misma.”
Doblé la carta y la guardé junto a una foto de Mariana cuando tenía siete años, sonriendo con uniforme escolar y dos trenzas.
A veces, ser madre no significa salvar a un hijo del castigo.
A veces, ser madre significa tener el valor de dejar que la verdad lo alcance, aunque esa verdad también te rompa a ti.
Leave a Comment