Allison no estaba detrás de ella.
Diego se adelantó de inmediato.
—¿Qué ocurre? —preguntó.
La doctora lo miró fijamente.
Y por un instante, no dijo nada.
Como si estuviera sopesando el impacto de su siguiente frase.
—Señor Rivera —dijo con cuidado—, necesito que me acompañe.
Su madre se puso rígida.
—¿Por qué solo él?
La doctora no respondió.
Ese fue el tercer crujido.
Diego la siguió de vuelta al interior.
La puerta se cerró de nuevo.
Esta vez, el silencio no solo era incómodo.
Era asfixiante.
Diego estaba sentado dentro de la habitación.
Pero no parecía la mujer radiante y triunfante de hacía veinte minutos.
Su rostro estaba pálido.
Sus ojos estaban muy abiertos.
Sus manos temblaban ligeramente mientras descansaban sobre su vientre.
A Diego se le encogió el pecho.
—¿Qué ocurre? —preguntó rápidamente—. ¿Está bien el bebé?
La doctora giró ligeramente el monitor hacia él.
—Señor Rivera —dijo con voz tranquila pero firme—, antes de responderle… necesito hacerle una pregunta.
Se le revolvió el estómago.
—¿Qué clase de pregunta?
Ella no pestañeó.
—¿Cuánto tiempo llevan juntos usted y la Sra. Allison?
La pregunta lo tomó por sorpresa.
—¿Y qué importa? —espetó—. Solo dígame qué está pasando.
—Importa —dijo ella en voz baja.
Una pausa.
Entonces…
—¿Cuánto tiempo?
Diego vaciló.
—…Unos ocho meses.
La doctora asintió lentamente.
Luego tocó la pantalla.
—Según esta ecografía —dijo—, el embarazo tiene aproximadamente veinticuatro semanas.
La habitación quedó en completo silencio.
Diego parpadeó.
Una vez.
Dos veces.
—Eso son… seis meses —dijo lentamente.
—Sí.
Su mente intentaba asimilar la información.
—No, eso no es posible —dijo rápidamente—. Me dijo…
—Te dijo que eran catorce semanas —terminó la doctora.
Allison contuvo la respiración.
Diego se giró hacia ella lentamente.
—¿Es cierto?
Ella no respondió.
No lo miró.
No se movió.
Y ese silencio…
Ese silencio lo decía todo.
—No —susurró.
La doctora continuó, con voz ahora fría y profesional.
—Hay más.
El corazón de Diego empezó a latir con fuerza.
¿Qué quieres decir con “más”?
Volvió a girar la pantalla.
Amplió la imagen.
“Y necesito que lo entiendas bien”, dijo. “Según lo que estamos viendo… la fecha de concepción no coincide con la cronología que me acabas de dar”.
Aquellas palabras le impactaron más que nunca.
Diego sintió que el suelo se movía bajo sus pies.
“¿Qué está diciendo?”, preguntó con voz tensa.
La doctora lo miró a los ojos.
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