Al salir, lo vi llamar a varios proveedores para cancelar la boda. No discutió; solo repetía “perdón” y “asumo la penalización”. Esa fue la primera vez que lo vi asumir consecuencias sin buscar culpables.
Esa tarde, Camila me escribió un mensaje breve: “Suerte con Emiliano”. Nada más. Aun así, fue suficiente para que la tensión se disolviera un poco.
Esa noche, con Emiliano dormido sobre mi pecho, entendí que el pasado no se borra; se enfrenta con límites claros y con acciones constantes.
Si tú estuvieras en mi lugar, ¿habrías hablado con Camila o habrías cerrado la puerta? ¿Crees que Diego merece una segunda oportunidad como padre? Déjame tu opinión en los comentarios.
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