RECOGÍ A UN PASAJERO EN UN MOTEL… NUNCA IMAGINÉ QUE LA MUJER QUE SUBIRÍA AL AUTO SERÍA MI ESPOSA

RECOGÍ A UN PASAJERO EN UN MOTEL… NUNCA IMAGINÉ QUE LA MUJER QUE SUBIRÍA AL AUTO SERÍA MI ESPOSA

Me quedé en silencio mientras manejaba.

Pero por dentro sentía que todo lo que habíamos construido se estaba derrumbando.

Durante el viaje siguieron hablando.

—Gracias por la cena de hace rato —dijo Laura.

—La próxima vez repetimos —respondió el hombre.

—Pero no me vayas a abandonar.

Los dos rieron.

Cada palabra que escuchaba era como un cuchillo girando lentamente dentro de mi pecho.

Quería detener el auto.

Quería gritar.

Quería voltear y decir:

“Laura… soy yo.”

Pero no lo hice.

No sé por qué.

Tal vez porque quería ver hasta dónde llegaba la mentira.

Cuando llegamos a Polanco, me detuve en el punto de descenso.

Abrieron la puerta y bajaron.

El hombre me pagó.

—Gracias, jefe —dijo.

Aún así no los miré directamente.

Se alejaron como si nada hubiera pasado.

Mientras caminaban, vi cómo él rodeaba con su brazo los hombros de mi esposa.

Y Laura…

ni siquiera volteó.

No sabía que el conductor que los había recogido…

era el mismo hombre con el que se había casado.

Me quedé sentado dentro del auto durante mucho tiempo.

No pude irme de inmediato.

Sentía como si no tuviera fuerzas para manejar.

No lloré.

Pero el peso en mi pecho era tan grande que apenas podía respirar.

Al día siguiente regresé a casa temprano.

Laura estaba allí, preparándose para ir al trabajo.

—Qué temprano llegaste —dijo.

Solo sonreí.

Actuaba completamente normal.

Como si no tuviera ningún secreto.

Como si no hubiera salido de un motel la noche anterior.

—¿Estás cansado? —me preguntó.

—Sí —respondí.

No le pregunté de dónde venía.

No le dije lo que había visto.

En cambio, le dije que tenía que hacer unos trámites afuera.

Fui directamente a un despacho de abogados.

Y allí pregunté sobre el divorcio.

No fue una decisión fácil.

Once años de mi vida estaban en juego.

back to top