—Dios mío…
Megan abrazó a Noah con cuidado.
—Pensé que algo terrible había pasado…
Yo también lo pensé.
Pero la historia aún no terminaba.
Mientras hablábamos, una enfermera que había estado observando el expediente frunció el ceño.
—Doctor…
El médico se acercó.
—¿Sí?
—Hay algo extraño en el historial.
Todos la miramos.
—¿Qué ocurre?
Ella giró la pantalla hacia nosotros.
—Este bebé fue examinado aquí hace tres semanas.
Daniel frunció el ceño.
—No… eso no puede ser.
La enfermera señaló la fecha.
—Tres semanas. Mismo nombre. Noah Carter.
El médico levantó la vista.
—¿Trajeron al bebé antes?
Daniel negó con la cabeza.
—Nunca.
Megan parecía confundida.
—Es la primera vez que venimos al hospital con él.
El médico observó nuevamente la pantalla.
—Eso es imposible… porque en este registro aparece una ecografía prenatal vinculada a este mismo expediente.
Sentí un escalofrío recorrer mi espalda.
—¿Prenatal?
El médico asintió lentamente.
—Sí.
Daniel se acercó.
—Eso no tiene sentido.
La enfermera siguió revisando.
Y entonces su expresión cambió.
—Doctor…
—¿Qué ocurre ahora?
—Este expediente… no corresponde a Noah.
Todos nos quedamos en silencio.
—¿Cómo que no? —preguntó Megan.
La enfermera miró el nombre completo.
—Este bebé no se llama Noah Carter.
El aire en la sala se volvió pesado.
—Entonces… ¿cómo se llama? —pregunté con un susurro.
La enfermera respiró profundo.
—Lucas Carter.
El silencio fue absoluto.
Daniel miró a Megan.
Megan miró al médico.
—Eso es imposible —dijo Daniel.
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