“Cuando finalmente descubrí una pista… ya era demasiado tarde.
Habías sido adoptada.
Y vivías con otro nombre.”
Mariana levantó la mirada hacia Don Ricardo.
Él la observaba con una mezcla de dolor… y amor.
“El día que Alejandro me dijo que había conocido a una mujer llamada Mariana López… algo dentro de mí se rompió.”
Su corazón se detuvo.
“Cuando vi tu cicatriz… supe que eras tú.
Pero ya estabas casada con mi hijo.”
Las manos de Mariana comenzaron a temblar violentamente.
“Si revelaba la verdad, destruiría tu vida.
Tu matrimonio.
Tu estabilidad.”
“Por eso guardé silencio.”
Las lágrimas caían sin parar.
“Preferí tenerte cerca… aunque fuera como mi nuera.”
Mariana dejó caer la carta.
Su mente daba vueltas.
—No… —susurró—. No… esto no puede ser…
Eso significaba…
Que Alejandro…
no era realmente su esposo legítimo.
Porque…
Si Don Ricardo era su verdadero padre…
Entonces Alejandro…
no tenía ningún lazo de sangre con ella.
Pero aun así…
Todo lo que había vivido era una mentira.
Don Ricardo volvió a apretar su mano débilmente.
Sus ojos le suplicaban algo.
Perdón.
Mariana se inclinó sobre la cama.
Llorando.
—¿Por qué…? —susurró—. ¿Por qué nunca me lo dijeron?
En ese momento…
La puerta principal de la casa se abrió.
Una voz familiar resonó en el pasillo.
—¿Mariana? Ya regresé antes del viaje.
El corazón de Mariana se detuvo.
Era Alejandro.
Sus pasos se acercaban por el pasillo.
Cada paso sonaba como un martillo en su pecho.
Mariana miró a Don Ricardo.
Luego la carta.
Luego la puerta.
Porque ahora sabía algo que Alejandro jamás imaginó.
El secreto que su padre había ocultado durante años…
acababa de salir a la luz.
Y cuando Alejandro descubriera la verdad…
nada volvería a ser igual.
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