Eso significa cero espermatozoides.
Naciste estéril. Nunca podrás tener hijos.
El silencio cayó como una bomba.
Fernando dejó caer el papel y miró a Camila.
—Si… si yo soy estéril… —balbuceó—
¿QUIÉN ES EL PADRE DEL BEBÉ QUE LLEVAS?
Camila se puso pálida.
—A-amor… esa prueba es falsa. Valeria miente. ¡Está celosa!
—¿Falsa? —me reí—. También contraté a un investigador privado.
¿Saben con quién hablaba Camila todas las noches?
Con su entrenador del gimnasio.
Saqué fotos de mi bolso y las lancé al aire.
Camila abrazando y besando a otro hombre.
—¡NO! —gritó Doña Marta—. ¡Mi nieto!
Fernando se abalanzó sobre Camila, furioso.
—¿Me engañaste? ¡Te mantuve! ¡Te compré un departamento!
¿Y estás embarazada de otro hombre?
—¡Perdón! —lloró Camila—. ¡Creí que nunca lo sabrías!
Doña Marta le dio una bofetada.
—¡Lárgate de aquí, desgraciada!
El escenario se volvió un caos.
Gritos. Llanto. Guardias sacando a Camila.
Yo bajé del escenario sonriendo.
Fernando se acercó y cayó de rodillas.
—Valeria… perdóname. No sabía que el problema era mío…
Aparté su mano.
—No me toques. Todo terminó.
Ya hablé con mi abogado. Vamos a divorciarnos.
Y según nuestro acuerdo prenupcial, por tu infidelidad, la mitad de tus bienes serán míos.
—¡No! ¡Te amo!
—No me amas —respondí—. Solo amabas la idea de tener un hijo.
Ahora que sabes que nunca podrás tenerlo, no significas nada para mí.
Me di la vuelta y me fui.
Detrás de mí quedaron los gritos, los objetos rotos y una familia destruida.
La fiesta que iba a celebrar un “nuevo comienzo” se convirtió en su final.
¿Y yo?
Por fin era libre.
Y demostré que nunca fui yo la que tenía la culpa.
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