El saldo decía:
$650,000.00 USD
Ese era el dinero que planeaba ir retirando poco a poco una vez que llegara a su supuesto “Toronto”.
Mis manos temblaban—
no de miedo,
sino de rabia.
—¿Quieres una nueva vida, Alejandro? —susurré para mí misma—.
Está bien. Pero vas a empezar desde cero.
Con solo unos clics, transferí los $650,000 completos a una cuenta offshore a mi nombre únicamente—
una cuenta a la que él jamás podría acceder.
Transferencia exitosa. Saldo restante: $0.00
Después de eso, llamé a mi abogado.
—Licenciado Ramírez —dije—. Él ya se fue. Presente la demanda de divorcio y el caso por concubinato. Envíe la notificación al departamento de Polanco, no a Toronto.
—Entendido, señora Sofía —respondió el abogado.
Dos horas después, mi teléfono sonó.
Era Alejandro.
Sabía que ya estaba en el departamento con su amante—
probablemente intentando pagar comida o comprar algo con su tarjeta.
Contesté la llamada.
—Hola, amor. ¿Llegaste bien a Toronto? —pregunté con inocencia.
—¡SOFÍA! —gritó Alejandro, claramente en pánico—.
¿Qué pasó con nuestra cuenta bancaria? ¡Mi tarjeta fue rechazada! ¡La app marca saldo cero!
—¿Ah? —respondí con calma mientras bebía vino—.
¿El dinero? Ya lo transferí.
Leave a Comment