En una calle humilde de la periferia de Puebla, Mateo, un albañil de casi treinta y cinco años, conocido por todos como un hombre noble y trabajador, dejó al vecindario entero en shock cuando anunció que se casaría con Valeria.
Valeria había sido una de las jóvenes más admiradas de su escuela normal. Inteligente, hermosa y llena de sueños, estaba a punto de convertirse en maestra, hasta que un accidente automovilístico ocurrido tres años atrás le cambió la vida para siempre. Desde entonces, quedó paralizada de la cintura hacia abajo y tuvo que desplazarse en silla de ruedas, viendo cómo se desmoronaba el futuro que tanto había esperado.
La noticia del compromiso corrió de casa en casa.
—¿Mateo está loco o qué? —murmuraban algunos—. ¿Cómo se le ocurre casarse con una mujer así y todavía gastar 300 mil pesos en la boda?
Unos lo decían con lástima. Otros, con burla. Pero Mateo nunca respondió a los comentarios. Solo sonreía con esa calma suya, tomaba a Valeria de la mano durante las fotos de compromiso y le decía en voz baja:
—Si tú no puedes levantarte, entonces yo me siento a tu lado. Y así seguimos juntos el resto del camino.
Valeria lloraba abrazada a él. Toda la vergüenza, el miedo, la inseguridad y la tristeza que había cargado desde el accidente parecían disolverse poco a poco entre sus brazos. Por primera vez en tres años, volvió a creer que todavía merecía una vida hermosa.
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