La respuesta de Julianna dejó sin palabras a quienes conocen su historia: “No al hospital”. Pero su madre, intentando asegurarse de que comprendía lo que eso significaba, fue aún más clara: “¿Incluso si eso significa que irás al cielo y mami y papi no irán contigo todavía?”. Con una serenidad difícil de entender para alguien de tan solo cinco años, Julianna respondió: “Sí. No te preocupes, Dios me cuidará”.
Lejos de ser una respuesta impulsiva, sus palabras transmitían una paz profunda, una aceptación que muchos adultos no logran alcanzar. Así, Juli eligió pasar sus últimos días en casa, en su habitación, rodeada de abrazos, de su familia, de amor real y sin el frío entorno de un hospital. Cada momento se convirtió en un recuerdo invaluable, en despedidas llenas de ternura y en una demostración de que, incluso en el final, se puede elegir cómo vivir.
Leave a Comment