Por días, Arturo vigilaba la entrada del hospital, cada puerta que se abría, con la esperanza intacta de un reencuentro que nunca llegaría.
Conmovidos por su vigilia y al enterarse de su historia, el personal del hospital y vecinos lo cuidaron hasta que ocurrió un hermoso milagro: Arturo fue adoptado por una familia que le brinda un nuevo hogar lleno de amor
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