Durante tres meses, el lado de la cama de mi marido olía a podrido…

Durante tres meses, el lado de la cama de mi marido olía a podrido…

Le temblaban tanto los dedos que apenas podía agarrar el borde del plástico.

Por un segundo… casi no lo abrió.

Porque en lo más profundo de su ser, ella ya lo sabía: lo que fuera que hubiera allí dentro iba a cambiarlo todo.

Pero ella había llegado demasiado lejos.

Lentamente, fue abriendo el plástico.

El olor la golpeó de nuevo: más fuerte, más penetrante, violento.

Sintió arcadas, giró la cabeza, pero se obligó a mirar.

Dentro de la bolsa había ropa.

Ropa de mujer.

Doblado… con cuidado.

Un vestido. Una blusa. Ropa interior.

Todo manchado. Todo arruinado. Todo con ese mismo olor nauseabundo y agrio que la había atormentado por las noches durante meses.

Se le cortó la respiración.

“Esto… no es posible…”

Su mente buscaba desesperadamente una explicación lógica. Un error. Un malentendido. Algo inofensivo.

Pero nada tenía sentido.

¿Por qué Miguel escondería ropa de mujer dentro de un colchón?

¿Por qué esconderlos?

Sintió una opresión en el pecho.

Entonces lo vio.

En el fondo de la bolsa… algo pequeño.

Metió la mano, sus dedos rozaron la tela húmeda y lo sacó.

Un collar.

Sencillo. Plateado.

Pero ella lo reconoció al instante.

Se le revolvió el estómago.

Le pertenecía a Camila.

Su mejor amiga.

La misma amiga que había desaparecido repentinamente hacía cuatro meses.

El mismo amigo que Miguel la había ayudado a buscar.

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