PARTE 2
Mi papá entró al salón sin levantar la voz.
Pero había algo en su forma de caminar que hizo que varias personas voltearan a verlo.
No iba rápido. No iba furioso. No iba haciendo aspavientos nr.
Iba decidido.
Yo fui detrás de él con el relicario de mi abuela Teresa apretado contra el pecho. Desde lejos vi a Gabriel sentado con Lucía. Él le había servido agua de jamaica en un vaso pequeño y le estaba diciendo algo bajito para distraerla.
Pero mi hija seguía mirando hacia la pista de baile, como si no supiera qué hacer con su tristeza.
Eso me partió más que cualquier discurso.
Mi papá caminó directo a la mesa principal.
Ricardo estaba sentado al lado de Fernanda, sonriendo para una foto. Ella tenía el ramo sobre las piernas y la mirada brillante de quien cree que todo salió perfecto.
Mi mamá vio venir a mi papá e intentó interceptarlo.
—Paulo, no es el momento.
Él ni siquiera se detuvo.
—Precisamente por eso.
El fotógrafo bajó la cámara.
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