A los diez años, lloré y le pedí a mi mamá y a mi abuela que fueran a pedir la mano de la niña vecina para mí. Todos pensaron que era una broma de niños… hasta que, quince años después, aquello se hizo realidad.
Cuando tenía diez años, todo el pequeño barrio a las afueras de Guadalajara sabía que yo era el niño más terco de la calle. Tan terco que una tarde de…









